10 ene. 2012

La Marihuana Angel o Demonio

ngel o demonio arihuana

Bueno hermanos aquí les presento este articulo echo en un centro de rehabilitación de Perú por el Dr.  Jacques Mabí el mismo da a conocer las dos caras de esta yerba sagrada y que para mi punto de vista el lado malo es mas difuso eh incierto Pulgar hacia abajo y por el lado bueno Pulgar hacia arriba el doctor recalca las propiedades medicinales y espirituales de esta planta sin mas aquí les dejo el articulo para que se lo lean y saquen sus propias conclusiones. (den Clic en mas para leerlo completo)

Señalando

Dr. Jacques Mabit,  TAKIWASI

Centro de Rehabilitación de Toxicómanos y de 

Investigación de las Medicinas Tradicionales

Tarapoto, PERU,

8 de marzo de 1997

Publicado en la Revista TAKIWASI, Nº 5, pp 63-77, Tarapoto, PERU, 1997

La  Marihuana (Cannabis sativa) se ha vuelto en nuestros días un tema constante de debate y
simboliza perfectamente la pugna entre los partidarios de la liberalización total del consumo de
sustancias psicoactivas de una parte y por otra parte de los oponentes a toda tolerancia hacia
ellas. Esas posiciones encontradas nos obligan casi automáticamente a escoger entre dos
opciones “cerradas”: la primera que se envuelve púdicamente en el manto de la tolerancia, la
libertad y un acercamiento seudo  “angelical” a la  “hierba”; la segunda que sataniza toda
modificación inducida de los estados de conciencia y evoca horrorizada las cifras efectivamente
escalofriantes de la drogadicción en el mundo. Al pronunciarse sobre este tema, uno se arriesga
a parecer un verdugo mandado por el “establishment” para mantener el orden moral o un
irresponsable rezago de la fantasía hippie incapaz de enfrentar los retos del mundo moderno.
Queremos intentar abrir un tercer espacio ubicado a igual distancia de ambos grupos que se
refuerzan mutuamente por presentar posturas que consideramos distorsionadas de la realidad y
basadas en un cierto grado de  auto-engaño sino de  impostura. Sin embargo, quisiéramos
dirigirnos en prioridad a los defensores del uso incondicional de cannabis ya que nuestra
posición no puede ser sospechada por parte de ellos de parcialismo a favor de una prohibición
ciega del uso de toda sustancia psicoactiva.  Desde el primer número de esta revista hemos
señalado que “el grupo que promueve una prohibición total de cualquier sustancia psicotrópica
toma el riesgo de amenazar la libertad individual,  participar a una desvitalización de las
culturas autóctonas y finalmente favorecer el tráfico de drogas (Mabit J., 1992). Y más allá de las
palabras, el Centro Takiwasi demuestra en sus actividades terapéuticas y pedagógicas, con
evaluaciones de investigación psicoclínica (Giove R., 1996), que un uso correcto de plantas
psicoactivas no es dañino y  además puede permitir tratar a los toxicómanos.

Creemos necesario insistir desde el inicio sobre nuestra convicción del indiscutible valor de la
Cannabis sativa. Tiene virtudes medicinales innegables, demostradas y apoyadas en una
comprobación empírica de siglos. También posee aptitudes para la ampliación de la conciencia
y la enseñanza espiritual  que permiten clasificarla sin duda en el grupo de las plantas sagradas
o plantas maestras.
Es precisamente por ello que, como toda sustancia psicoactiva natural y de uso ancestral y
sagrado, merece otro trato que una condena generalizada y ciega como tampoco puede ser
objeto de un consumismo degradante, indiscriminado  y, a fin de cuentas, irrespetuoso y no
exento de peligro. Lamentablemente, sus defensores tienden a  prestarse a posturas que, lejos de
aportar argumentos abriendo a la tolerancia, más bien señalan una gran confusión de criterios e
incitan a poca comprensión. Creemos necesario esclarecer el debate analizando la ubicación
actual de la marihuana en nuestra sociedad contemporánea y la distancia entre discurso y
hechos en base a nuestro privilegiado punto de observación.
Condicionantes del encuentro con la marihuana
Creo que ya no es necesario demostrar que los efectos del uso de cualquier sustancia psicoactiva
dependen de tres factores condicionantes: sustancia, consumidor y contexto. 

Cualquiera sabrá diferenciar el consumo de un alcohol fuerte adulterado por un niño de doce
años en una  pandilla de zona urbano-marginal, del  consumo de champagne de calidad en el
seno de una familia para festejar un matrimonio o del uso ritual de vino durante la eucaristía
cristiana. Siempre se trata de consumo de una sustancia psicoactiva, el alcohol, donde sobran los
estudios científicos demostrando su potencial nocividad, los riesgos de adicción y su enorme
costo social y económico. Ningún cirujano se pasaría de los servicios de la morfina a nombre de
los fumaderos de opio de Macao o de los heroinómanos de Ginebra. No se ven campañas contra
el abuso de azúcar  refinada a pesar del enorme daño colectivo sobre la salud y la adicción de
una importante fracción de la población a este producto. Y la lista puede seguir... (Mabit, J.,
1995).
Del mismo modo, será similar el consumo del bhang en las sociedades iniciáticas o por los yogis
en la India, el consumo tradicional del hachís de los campesinos de Marruecos,  el consumo
lúdico de “hierba” entre jóvenes de las sociedades urbanas occidentales, el consumo mixto con
ayahuasca en Iglesias del Santo Daime en Brasil y la mezcla con pasta básica de cocaína en los
“huecos” de los barrios marginales de las urbes latino-americanas ? De qué marihuana estamos
hablando ? A qué tipo de consumo nos referimos ?
Sustancia
Cuando hablamos de factores vinculados a una sustancia nos referimos a su calidad y a su dosis
la que incluye cantidad y frecuencia de consumo. La Cannabis tiene múltiples formas de uso y
múltiples calidades de plantas. Sin embargo los estudios científicos demuestran un potencial
tóxico ya conocido por las sociedades tradicionales por lo que como lo señala el famoso
indianista Alain Daniélou “la hoja se machaca entre dos piedras y se enjuaga con abundante
agua, lo que permite extraer los elementos nocivos. Se prepara una bebida con leche de
almendras, mezclándose el equivalente de una gruesa oliva de Bhang que cada uno ingiere con
respeto.” (Daniélou A., 1992).  Se trata de un procedimiento de detoxificación, de una ingesta a
frío por vía digestiva y no caliente por vía respiratoria. La inhalación del humo modifica la
farmacodinámica del producto: se evade la protección natural de la barrera digestiva y se
aumenta el proceso de asimilación sanguínea transpulmonar mientras la combustión genera
nuevos metabolitos.
Daniélou agrega, con la autoridad que le otorgan sus cuarenta años de convivencia íntima con el
grupo de los inciados de la India al cual perteneció, que “la práctica de fumar el cáñamo es
fuertemente desaconsejada en India, los elementos tóxicos no son eliminados...
Sujeto
Como para cualquier sustancia psicoactiva existe un alto grado de susceptibilidad individual.
Esta susceptibilidad se manifiesta en la intensidad de los efectos inmediatos como en la
dependencia posible. Existen individuos poco afectados por la marihuana y otros que
responden rápidamente con alteraciones fuertes de la ideación y de la conducta, estados de
confusión con desorganización del comportamiento. Este factor no puede ser ignorado cuando
se propone la libre disposición de la marihuana. 
Del mismo modo, a pesar de ser catalogada como “droga suave”, se pueden crear en ciertos
individuos dependencias extremadamente fuertes a la marihuana. Las características de esa
dependencia, según nuestra observación, son las siguientes:
distorsión paulatina de la percepción de la realidad: la lentitud y sutileza de este
fenómeno no permite al sujeto identificarlo y hacerlo conciente. Ahí no estamos con
efectos “dramáticos”, comparables al uso de heroína, pasta básica de cocaína o crack,
por lo que es más fácil para el sujeto ignorar su propia transformación que no identifica
claramente. 3
fenómeno de “mentalización”: el campo perceptual se focaliza a nivel mental,
borrando imperceptiblemente los afectos de tipo emocional. El sujeto sustituye
progresivamente su “corazón” por su “mente”. Confunde “sentir” y “pensar”. Los
curanderos dirían que su energía se está concentrando en su cabeza. Lo intuyen
además muy bien los que consumen marihuana para realizar un trabajo intelectual y
estimular su capacidad mental. Lo que puede ser un uso temporal inofensivo también
puede volverse una manera permanente y patológica de percibir el mundo.
desencarnación: la hiperactivación mental proporciona la sensación de resolver
numerosos problemas, tener ideas “geniales”, entender cosas complejas. Sin embargo
es característico observar que esos mismos sujetos  tienen extremas dificultades en
concretar esas ideas, en inscribirlas dentro de la materia, realizarlas en la cotidianeidad.
Se conocen estudiantes universitarios  generando ideas “brillantes” para su tesis, la
misma que nunca logran concluir. Lo podríamos ilustrar diciendo que el sujeto se
dilata en forma aérea y pierde el enraizamiento en la tierra, tiende a desmaterializarse.
proyección en una realidad virtual: el adicto a marihuana llega a creer que pensar y
vivir es lo mismo. Una gran parte de su ser se invierte en un mundo imaginario o
virtual sólo por él percibido o compartido en forma evanescente con los compañeros de
consumo. Este aspecto me parece dramático cuando abarca la esfera de lo espiritual ya
que transforma la vivencia espiritual encarnada en  un mero ensueño etéreo, un
raciocino talvez brillante pero incongruente con la vida cotidiana, sin compromiso con
la realidad ordinaria. Recrea simbolismos, conexiones, interpretaciones que nunca
llegan a tener la sanción de la realidad. De ahí nace un apetito por todo lo esotérico, lo
mágico, los mundos paralelos... que permiten mejor evadir el aquí y ahora. 
Contexto
El encuentro de la sustancia y del sujeto se da dentro de un contexto que influye poderosamente
sobre los efectos del consumo. Encontramos con gran frecuencia que los adeptos a un acceso
libre a la marihuana reinvindican su benignidad  por el hecho de que esta planta se consume
desde hace siglos en sociedades tradicionales sin determinar ninguna patología. Sin embargo es
contradictorio notar que precisamente en el contexto contemporáneo los que defienden esta
postura no pertenecen a esas sociedades tradicionales, no las conocen desde adentro (lo que
requiere tiempo y dedicación) ni tampoco respetan sus criterios de consumo. En especial,
además del modo específico de ingesta, ignoran los elementos rituales indispensables para un
acercamiento correcto a la dimensión espiritual inherente a todo acto sagrado como es el ingerir
una planta maestra. La adquisición de este conocimiento exige un aprendizaje e iniciación
guiados desde las fuentes mismas de esa sabiduría ancestral: quien hizo el esfuerzo de seguir
este camino dentro de la legión de consumidores de  marihuana (según un reciente informe
oficial llegarían a por lo menos unos 15 millones sólo en Estados-Unidos) ?
El contexto habitual de consumo de marihuana en la  sociedad moderna es prioritariamente
lúdico. Constituye un modo de identificación a ambientes marginales, y manifiesta un
distanciamiento con el formalismo del establishment. Evoca una rebelión de rasgos adolescentes
ubicada entre el movimiento político-mesiánico de los “rasta” y una espiritualidad evanescente
libre de toda conexión a una institución o iglesia. Permite un compartir agradable con amistades
sin mayor compromiso social. Evoca atmósferas de relajamiento, de euforia, de goce sensual
donde se puede asociar eventualmente comida, bebida y sexo. Es para algunos el descanso del
fin del día o del fin de semana, el escape en un momento de placentero ensueño donde uno
puede dejar correr su imaginación, recrear sus ideas las más fantasiosas, dejar divagar el
pensamiento, soltar las tensiones inducidas por las múltiples obligaciones del mundo moderno.
Es como darse el derecho a un recreo, a un paréntesis.
En sí, el aspecto lúdico no es rechazable y responde a una necesidad natural del ser humano. Lo
que nos parece más bien deplorable es la exclusividad de este modo de consumo y la
sistematización de los contextos de inducción que excluyen finalmente todo acercamiento 4
realmente sagrado y encierran la experiencia de consumo en un sistema de valores infantiles o,
a lo más, adolescentes. Ya no se trata de descanso  sino de evasión y es ahí donde se trama la
actitud adictiva. En este esquema de consumo los sujetos no se ven incentivados a intervenir en
el tejido social,  manifestar compasión activa, ser actores en su medio. Tienden a quedarse en el
discurso oral o escrito, muchas veces prolífico hasta llegar a la verborrea, talvez brillante
(fascinación intelectual) pero indigesta (pesadez intraducible en actos). Algunos portavoces del
New Age nos parecen perfectos prototipos de este defecto: sus discursos fascinan la mente,
excitan las neuronas pero carecen del entusiasmo (in-theos) y de la inspiración de un espíritu
ardiente, el único capaz de tocar el corazón. Finalmente se vuelven los sujetos los más pasivos y
sumisos frente a un orden social del cual pretenden demarcarse y contra el cual se contentan de
luchar verbalmente sin actuar. En este contexto, ser “cool” nos parece evocar más un estado de
dimisión que una auténtica serenidad.
No puede sino llamar la atención que precisamente el consumo de marihuana empiece en 90%
de los casos a la adolescencia (12-14 años). Corresponde a una fase de rechazo de las propuestas
del mundo adulto percibidas como aburridas y apremiantes. Frente a las obligaciones que se
perfilan existe la tentación de mantenerse en la infancia, no crecer, preferir las fantasías y la
magia a la realidad que se presenta de manera demasiado triste, monótona, rutinaria, falta de
inspiración, de entusiasmo, de espíritu de aventura. Lo que se entiende como una crisis clásica
al cambio de edad, se vuelve preocupante cuando petrifica al sujeto de edad adulta en
comportamientos adolescentes. El consumo regular de marihuana desde la adolescencia con ese
marco social no ayuda a evolucionar sino tiende a mantener al individuo en un prolongado
estado de inmadurez,  recordándonos la figura del “puber aeternus”, el “eterno adolescente”.
Entendemos que es el contexto colectivo de una sociedad con pocas proyecciones estimulantes
para el individuo que favorece la apetencia por  este tipo de evasión. Pero entendemos también
que culpar únicamente a la sociedad corresponde otra vez a una actitud de
deresponsabilización del individuo. Nadie está obligado a fumar marihuana ni a continuar
haciéndolo.
Sin embargo el debilitamiento precoz de un sujeto que no pudo, entrando en la adolescencia si
no es desde la niñez, estructurarse y formarse una  personalidad propia, facilita el
establecimiento de la dependencia a la marihuana. No se puede ignorar que existen numerosos
casos de real y seria dependencia a la marihuana : algunos casos llegaron hasta nuestro Centro.
Y como ya lo señalamos, es una dependencia difícilmente reconocida por el sujeto y con mayor
razón si el contexto “alternativo” fomenta un consenso pernicioso sobre la benignidad de la
marihuana. El “marihuanero” se siente confortado por el medio “new age” en su consumo
asiduo como lo es el alcohólico en una sociedad culturalmente construida alrededor del vino.
Cuando fumar marihuana es la norma del grupo (estudiantes, artistas, periodistas, etc.) quien
percibe la distorsión si ésta es ampliamente compartida ?
Nadie ignora que el terreno es fundamental para que se instale una verdadera adicción. Existen
antecedentes que crearon las condiciones favorables al desarrollo de una fármaco-dependencia.
Pero precisamente creemos que la gran mayoría de los sujetos en nuestra sociedad occidental
post-moderna no pasa de una estructuración de tipo  infantil o adolescente. Se perdieron los
ritos de pasaje, no existe una transmisión del saber ancestral desvalorizado en relación a los
“últimos avances  de la ciencia”, los sistemas de protección social tienden a deresponsabilizar
los individuos, etc.: toda la sociedad está enferma ! Por lo que consideramos que los sujetos
aptos para el enamoramiento con la marihuana son numerosos y en todo caso en cantidad
mucho mayor de lo que aceptan reconocer los defensores activos de la marihuana que, por
supuesto, se auto-excluyen automáticamente del grupo de los dependientes.
Por otra parte, en algunos casos, una vez agotado el interés por la “benignidad” de la
marihuana, el consumidor buscará efectos más intensos explorando sus reacciones a sustancias
más poderosas. En nuestra experiencia, 90% de los pacientes internados en Takiwasi por
dependencia a la destructiva pasta básica de cocaína iniciaron su consumo con marihuana. 
Durante el tratamiento observamos la desaparición de los síntomas en orden regresivo

(vicariación regresiva) donde se borran en primer lugar los síndromes que aparecieron
últimamente. Nos llama la atención como, una vez superados los comportamientos  e ideaciones
vinculados a la pasta básica de cocaína, recién se manifiestan los producidos inicialmente por la
marihuana. Si bien los efectos explosivos de la PBC son difíciles de obviar por el mismo adicto,
el enfrentar en una segunda etapa los rasgos típicos de la marihuana representa un gran reto y
por lo general un obstáculo mayor. Se nota una fuerte resistencia y la tendencia a disociar los
efectos de la PBC y de los de la marihuana como si no ocurrieran en el mismo sujeto y apoyados
en la misma estructuración de personalidad. Por lo  tanto, el tratamiento del adicto a la
marihuana se revela particularmente arduo y muchas veces más penoso que con otras
sustancias aparentemente más dañinas. Es difícil olvidar esos datos cuando se propone libre
acceso a la marihuana.
En el Centro Takiwasi, el uso de plantas medicinales según la enseñanza shamánica amazónica
induce durante las sesiones un estado de videncia y la aptitud a percibir el cuerpo energético
del paciente. Los consumidores regulares de marihuana manifestaron siempre una opacidad de
su cuerpo energético, una concentración excesiva de energía a nivel mental, una falta de puntotierra, a veces un desencaje del cuerpo físico con  el cuerpo energético. Todo ello genera
confusión y desorden, interior y exterior. Cuando se opera una limpieza energética con plantas
purgativas (Aristoloquia didyma), se les observa un bloqueo energético mayor a nivel hepatobiliar que suscita violentos y sufridos vómitos. El acceso a las enseñanzas proporcionadas por el
ayahuasca se les hace inicialmente más difícil, especialmente para adentrarse en el conocimiento
de sí mismo, existiendo una marcada tendencia  a proyectarse fuera de sí. De qué sirve pasearse
en los mundos inter-galácticos y charlar con seres  cósmicos, hilvanar teorías sofisticadas y
elaboradas metafísicas, si uno es incapaz de armonizar su vida cotidiana y regular sus
relaciones con su entorno directo ? Cómo construir  para elevarse sin establecer previamente
sólidos cimientos sobre los cuales apoyarse ?
Marihuana y espiritualidad
La Cannabis se utiliza en actos religiosos en varias culturas y con beneficios innegables. Esas
sociedades tradicionales integran este uso dentro de un contexto sagrado que siempre incluye
un ritual heredado de una tradición iniciática. La planta es considerada como maestra ya que le
habita un espíritu vivo, apto a enseñar cómo se le tiene que acercar. En otras palabras, el ritual
no es una construcción imaginativa del sujeto sino un código de comunicación dictado por la
esencia misma de la planta, su naturaleza o estructura propia. No se trata aquí de una creación
artística basada en la estética ni de un entorno teatral destinado a favorecer la sugestión, donde
cada cual se puede improvisar su propio sacerdote,  sino de un actuar operativo, eficaz, una
tecnología sagrada resultado de un largo aprendizaje. Como todo lenguaje, requiere de
rigurosidad y precisión para ser eficiente y no dañino. El objetivo es permitir una comunicación
con la esencia de la planta, su “alma”, entidad viviente e inteligente.
Se entiende que se propone una actitud de profundo respeto hacia los “dioses” y que un acto
sagrado con una planta sagrada  requiere desarrollar una sacralidad tanto interior como
exterior. Así por ejemplo Daniélou insiste sobre la actitud de respeto adoptada en la India que
incluye un baño ritual y el  ponerse ropas limpias y precisa que “el espíritu del cáñamo invitado
mientras uno sigue con otras actividades es molestado y ultrajado” (op. cit.).
La adicción se entiende entonces como el resultado  de una trasgresión donde el espíritu
ofendido de la planta llega a posesionarse del individuo. La cura de esta posesión será entonces
un exorcismo destinado a apaciguar al espíritu interesado y convencerlo de abandonar a quien
se volvió su víctima.
Concluye diciendo : “Los espíritus del cáñamo, del  tabaco, de la amapola, de la coca, son
divinidades amigas del hombre y que permiten suavizar sus sufrimientos y abren para él las
puertas de los mundos sutiles; su prohibición como su uso irracional son igualmente erróneos y
provocan la malevolencia de las divinidades ultrajadas.” (op. cit.). 6
En muchas personas que se ubican en un camino de “búsqueda” personal, la marihuana tiende
a bloquear su evolución. Se enredan en sus juegos mentales hasta a veces perderse en serios
estados de confusión que les hacen optar por conductas inadecuadas o peligrosas, como lo
hemos podido observar en varias oportunidades.
La adicción a la marihuana, lo repetimos, es raras veces admitida por el interesado. No deja de
sorprender las múltiples argucias, típicas de la búsqueda de justificación del adicto, que puede
presentar un sujeto dependiendo de la marihuana. Su “enamoramiento” es tal que no hay
discurso razonable que pueda alcanzar un estado en  el fondo totalmente irracional.  Sin
embargo en una persona sincera, es posible solicitarle medir su ausencia de alienación mediante
un tiempo de prueba sin ningún consumo de cáñamo. Este tiempo permite evaluar el grado de
dependencia a la marihuana.
Entre el consumidor empedernido y el abstemio, existe toda una gama de estados y relaciones
más o menos estrechas con la marihuana. Numerosos consumidores tienen un control de su
consumo como mucha gente sabe saborear un buen vino sin llegar a una dependencia
alcohólica. En este caso, no hablemos de búsqueda espiritual sino simplemente de crear
momentos de relajación. Los defensores del uso de marihuana señalan con razón que mucha
gente acostumbrada a su uso episódico o regular siguen “funcionando” bien. Se entiende que su
hábito no entraña consecuencias inmediatas perjudiciales para el resto de la sociedad. Pero, me
pregunto si en la relación con las plantas sagradas se trata solamente de “funcionar” y si la
ausencia de consecuencias patentes de corto plazo a nivel social no es subestimada en el largo
plazo por el desapego progresivo a una verdadera participación ciudadana, por la incapacidad
paulatina a  transformar concretamente la realidad para el bien común.  El poco desgaste físico
inducido por la marihuana refuerza la idea de su inocuidad cuando la perturbación inducida es
ante todo de tipo energético y psíquico-espiritual.
A posteriori, algunos amigos que consideremos adictos a la marihuana y que finalmente
accedieron a dejarla un tiempo, pudieron testimoniar de una mejora física, psíquica y espiritual
indiscutible. Esta contra-prueba me parece sumamente convincente. Igual fenómeno se observa
en los pacientes que pasan por Takiwasi.

Los ecos del New Age
El fenómeno de mentalización encuentra eco en cierta literatura seudo-espiritual que permite
flotar en amables divagaciones sin mayor cambio de  su  realidad propia. Deseamos ilustrarlo
brevemente con el ejemplo de dos figuras prominentes del New Age, Castañeda y Osho :
cualquier visita a una librería “esotérica” o a un mostrador de zona de tránsito de un aeropuerto
internacional permitirá completar la lista.
En efecto, es inicialmente sorprendente el paralelismo entre el consumo de marihuana y la
afinidad con las obras de Carlos Castañeda. Los marihuaneros se encuentran perfectamente a
gusto con este tipo de literatura. Este autor tuvo el mérito de sensibilizar mucha gente a otros
aspectos de la realidad y de revelar la existencia  de una poderosa corriente en la sociedad
occidental sedienta de espiritualidad y de cambio de perspectiva. Ha sabido traducir la
inquietud existencial contemporánea en una fina y estimulante expresión literaria. Sin embargo,
presenta un mundo fantástico sin metodología clara para proceder y prácticamente inalcanzable
por un individuo normalmente constituido. Por otra parte mantiene un silencio absoluto sobre
lo esencial : la vida afectiva, lo cotidiano, lo concreto. Nos encontramos sumergidos en magia,
brujería, parapsicología, fenómenos raros... un mundo evanescente donde no parecen existir
seres de carne y hueso, gente común y corriente como Ud y yo. Nos acercamos a una realidad
virtual siempre huyendo más allá, escurriéndose a toda aprehensión y con un discurso propio a
alimentar los juegos confusos de la mente. Hasta el mismo Castañeda parece un fantasma de
quien se sigue discutiendo la autenticidad de las experiencias, la nacionalidad, el estatus social,
el nivel real de conocimiento y de evolución personal. Porqué tanto secreto y tanta oscuridad
cuando se publicita a decenas de miles de ejemplares ? Acaso la verdad se esconde, la luz se 7
tapa ? Luego de mucho andar en medio de esta corriente de gente en búsqueda espero todavía
encontrar al discípulo de Castañeda que pueda hablar claro, transmitir con método su
experiencia y demostrar en su persona un evidente avance en su evolución personal. Castañeda
nos permite soñar pero no proporciona la receta para hacer el sueño realidad: ahí veo su
afinidad con el cáñamo fumado en nuestra sociedad,  ambos volátiles y desencarnados,
seductores y confusos.
Quisiera también brevemente citar el influyente Bhagwan Shree Rajneesh, promotor del
consumo de marihuana y de una filosofía del amor indiferenciado.  La invasión de sus libros va
a la par con una inflación del ego que es más convincente para sus adeptos cuando más
increíble. El “maestro iluminado” no duda en afirmar tajantemente: “Soy el comienzo de una
conciencia totalmente nueva”, nada menos. En nuestra observación, los adeptos de Osho
muestran un desajuste importante a la realidad ordinaria y en sesiones de curación con plantas
amazónicas, revelan grandes perturbaciones energéticas. La marihuana y el sexo indiscriminado
son las herramientas básicas utilizadas por Osho para seducir y  contagiar a nuevos discípulos.
Responde a una tendencia típicamente occidental de  consumismo, libertinaje confundido con
libertad, evasión del sufrimiento, entrega ciega a un gurú quien asume un seudo papel paterno
deresponsabilizante. La  involución mediante la fusión y la indiferenciación (de sexo en
especial) se opone al camino interior de individuación (en términos junguianos) y diferenciación
que pasa obligatoriamente por la travesía del sufrimiento y la confrontación solitaria consigo
mismo.
Es de notar de pasada que ambos “maestros” que predican el desapego a las cosas materiales no
se distinguieron por ser particularmente desinteresados al dinero y los bienes materiales.
La introducción de la marihuana fumada en los rituales brasileños del Santo Daime (ayahuasca)
ha sido el factor preponderante en la escisión del grupo inicial del maestro Irineu, estimulando
los conflictos y la competencia, según la confesión que nos hizo la esposa de éste. Actuó como
un elemento de división y confusión, inflando el ego de algunos discípulos y llevando a
sucesivos cismas: ahora existe una decena de sectas diferentes. Esa asociación improvisada
parece responder más a la demanda de sectores urbanos que nacer de la iniciación con
ayahuasca. Los shamanes de la Amazonía peruana que  conocemos rechazan tajantemente el
fumar marihuana durante una sesión con ayahuasca. Sin embargo, siendo una medicina
dinámica siempre dispuesta a enriquecerse de aportes nuevos, promueven una investigación
empírica con el fin de explorar las virtudes de esta planta sagrada. Poseen una metodología
para ello que consiste básicamente en entrar en trance visionario con preparados enteógenos y
de ahí ingerir progresivamente una infusión o decocción para “ver” el espíritu de la planta y
entablar una respetuosa negociación con él. Se entiende que este procedimiento necesita
experiencia y una adecuada preparación de maestros y no sólo el atrevimiento de novatos.
Conclusión
Me temo que los principales defensores del uso incondicional de la marihuana sean finalmente
los mejores proveedores de argumentos a favor de su prohibición. Se debe en gran parte a su
actitud irresponsable frente al riesgo social: no se puede ignorar que un niño o un adolescente
no es apto para un consumo sin guía de una sustancia que potencialmente lo puede confundir, 
volver adicto e inducirlo a mayores dependencias. Por lo que es inaceptable su libre disposición
a manera de producto inofensivo como lo es una prohibición ciega. Y me temo que numerosos
adultos no tengan en nuestra sociedad más de 12 años de madurez psico-afectiva...  Todo
debate sobre la legalidad requiere una previa consideración de los criterios de legitimidad.
Al tomar como referencia el uso ancestral, también sería honesto especificar que la marihuana
no debe ser fumada según esa antigua sabiduría y que existen condiciones precisas para su
correcta ingesta. Luego se tendría que distinguir entre los usos de la marihuana: médico,
recreativo o religioso. Cada uno requiere un modo de preparación diferente y un contexto de
ingesta adecuado. Una planta enteógena puede ser solicitada  a esos tres niveles. Si se trata de
hacer una infusión relajante, no se requiere de un ritual largo y complicado ya que se solicita de 8
la planta sólo un efecto físico. Pero si se solicita a la planta una enseñanza, un descubrir de los
mundos sutiles o una exploración del  inconsciente, el ritual indicado con actitud interior de
sincera consideración se vuelve indispensable para  no operar una trasgresión prometéica
finalmente dañina.
La marihuana no es una sustancia, término que la objetiviza y le despoja de su dimensión viva,
energética, espiritual. Es ante todo una planta sagrada. El modo habitual de uso contemporáneo
la reduce a un simple producto de consumo en una típica actitud materialista occidental. Ahí es
donde se encuentran oponentes estrictos y defensores encarnizados: son ambos rígidos secuaces
de un materialismo virulento, agentes promotores de un mental dictatorial, confundidos en el
grupo de los negadores del corazón. Como lo concluye sabiamente Daniélou : “Es a causa de su
incomprensión de la realidad del mundo sutil que el materialismo moderno se volvió su
víctima”.
Es tiempo de encontrar caminos que permitan proteger el acceso a las plantas sagradas, creando
las condiciones de un acercamiento respetuoso, controlado, guiado, garante de inocuidad y de
una auténtica vivencia espiritual. El lema occidental “todo, ahora y sin costo”, el mismo que
enarbolan los adictos como perfectos representantes de esta sociedad desacralizada, no tiene
vigencia en esta tercera vía. Este lema tipifica una actitud adictiva, matriz  psíquica que
lamentablemente predomina entre los consumidores de marihuana. La solución será progresiva,
no inmediata y con un costo individual y colectivo, incluyendo para cada cual su cuota de
sufrimiento libremente aceptado.  
Referencias bibliográficas
Daniélou Alain, 1992, “Las divinidades alucinógenas”, Revista Takiwasi, Tarapoto, pp. 25-29.
Giove Rosa, 1996, “Medicina Tradicional Amazónica en el tratamiento del abuso de drogas :
Experiencia de dos años y medio (92-94)”, CEDRO, Lima, 135p.
Mabit Jacques, 1992, “De los usos y abusos de sustancias psicotrópicas y los estados
modificados de conciencia”, Revista Takiwasi, Tarapoto, pp.13-23.
1995, “El saber médico-tradicional y la drogadicción”, El Filósofo Callejero,
No 7, Abril 1995, Santiago de Chile, pp.10-16.

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